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sábado, 20 de diciembre de 2008

Prostitución de cosas varias

Siguiendo la idea de la "prostitución de los conceptos", y después de un tiempo de ausencia, voy a citar varios temas que, haciendo uso de palabras y/o frases inadecuadas, me tocan los cojones.
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El programa Días de Cine de televisión española de esta semana me da para varios puntos. El primero y el segundo hacen referencia a las declaraciones sobre The Spirit y el tercero a Angelina Jolie.

- Frank Miller comenta que lo que aprendió de Robert Rodriguez es que "tanto el cómic, como el cine o la ópera hacen lo mismo: contar historias. Yo veía el lenguaje del cine como algo misterioso, pero me he dado cuenta de los lenguajes son los mismos, no existe ninguna diferencia."


- Eva Mendes hace alarde de su gran bagaje comiquero y nos habla sobre su personaje en The Spirit: "Mi papel en la película es muy interesante, ya que se trata de una mujer fuerte, no como las mujeres del mundo del cómic que siempre están "oh, ven a salvarme!"." Esta mujer ha leído muchas cosas con Wonder Woman, Canario Negro y Hawkgirl como protagonistas, por poner ejemplos, considerando que se refiera al género más tópico (a priori).


- Hablando sobre la evolución de las actuaciones de Angelina Jolie hacia papeles más dramáticos, el programa hace un breve comentario a su interpretación de "heroína de cómic". Entre esto, y que en Dvdgo llaman a Hancock "héroe de cómic", tenemos una promiscuidad de adaptaciones al cine tan grande, que el cómic va a sustituir a todas las fuentes de inspiración de los guionistas, incluidos los videojuegos.





En cuanto a los telediarios que he visto esta semana, dos de ellos me han llamado la atención:

- En el informativo de las 21h. del viernes de Telecinco, Pedro Piqueras nos mostraba sus grandes dotes como crítico de cine: "Las nominaciones a los Goya de este año, han deparado pocas sorpresas, ya que han sido nominadas las únicas películas buenas que ha habido en el cine español este año."


- En uno de los informativos de la noche en Antena 3 de mitades de semana (no recuerdo exactamente el día, y me ha sido imposible encontrarlo), asistí a una demostración de imparcialidad sin par.

Caso 1, el juicio por maltratos a la niña Alba:
Roberto Arce, el, según un reciente Publiscopio (del diario Público), presentador favorito de los votantes del PP (sospechoso) nos da paso a la "noticia" hablando de "estos individuos", no confundir con personas, maltratadores de pro, más adelante matizado con un "según la fiscalía" y finalizando con una referencia a las declaraciones hechas por el padrastro, "ante la mirada impasiva de la madre".

Caso 2, el violador del ascensor no saldrá a la calle:
"Y ahora, una noticia que nos tranquiliza a todos, el violador del ascensor no saldrá a la calle gracias a...". Si es que, hoy en día, quién no es experto judicial, en reinserción...


Y hablando un poco de medio ambiente y sostenibilidad, que hace tiempo que no me indignaba con ello, oigo constantemente dos conceptos muy prostituidos:

- Ecológico:
Seguimos en las mismas, y vamos a peor. No todo lo que sea un poco menos sucio es ecológico. Pondré el mismo ejemplo que en el mensaje citado:
Los coches que contaminan un poco menos NO SON ECOLÓGICOS, no he visto yo ninguno de los comercializados que circule sin contaminar lo más mínimo.


- Reciclar:
Esta palabra está siendo prostituida por esa mafia que es la sociedad manipula-significados de forma alarmante.
Si rechazo una bolsa de plástico en el supermercado NO ESTOY RECICLANDO, estoy reduciendo.
Si uso la bolsa de plástico varias veces, NO ESTOY RECICLANDO, estoy reutilizando.
Y si nos ponemos quisquillosos, si tiro la bolsa al contenedor amarillo, NO ESTOY RECICLANDO, estoy separando para reciclar.
Porque resulta que yo NO TRABAJO EN UNA PLANTA DE RECICLAJE, igual que cuando voy a comprar pescado no estoy pescando (permitidme un ejemplo tan tonto, pero es así).

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Y hasta aquí mi indignación por hoy. Si, al final, será verdad eso de que estoy más amargado a mi edad que un viejo cascarrabias...

lunes, 3 de diciembre de 2007

El Club del Rizo

Vuelve a ser lunes, volvemos a intentar mantener la frecuencia de los mensajes, y qué mejor forma de empezar la semana que haciendo autocrítica.

Aviso para navegantes: esta opinión es estrictamente personal aunque pueda influir en mis seres más allegados después de la abundante repetición del discurso y la violenta gesticulación.

Voy a proporcionar datos poco precisos sobre localizaciones, tiempo y nombres, para evitar un posible linchamiento.

Este año, empecé un curso determinado en los estudios que estoy cursando. Al poco tiempo, avisté algo que despertó mi lado más salvaje: el del odio irracional.

Los precedentes de esto en mi vida son diversos. Aparte de algunos que no recuerdo, hay algunos muy concretos que, pese a la edad que tenía en algunas de esas experiencias, me sirven para retratar el sentimiento sobre el que escribo.

Para empezar, ocurre que de pequeño tuve un trauma. O es algo que recuerdo con odio, como mínimo: los dibujos de "Teo".

Era un personaje que me daba rabia, muchísima rabia. Y ahora resulta que cumple 30 años.

Confieso que sus aventuras me ponían de los nervios. Vale, sé que eran para niños pequeños y quizá yo era demasiado mayor, pero es que lo televisaban siempre y no lo podía soportar. No sé si la oferta de dibujos en ese horario era poco variada o que me obligaban a verlo, pero el caso es que lo hacía.

Más adelante, en un momento indeterminado de mi vida, empezó a darme rabia, o más bien a hacerme gracia, el pelo "a lo afro". No sé la razón, pero me la sigue haciendo, para qué negarlo. Y es que a veces de la gracia a la rabia hay sólo un paso.

Recientemente, viví el último precedente. Esto no es otro que el anuncio del "11811", el conocido teléfono de información. No puedo con él, en serio. La violencia corre por mis venas a raudales. La cara del protagonista ha sembrado una referencia para el odio en mi vida. ¿Es posible concentrar en la simple apariencia de una persona ese grado de impertinencia y pringadez? Pues parece que sí.

Retomando la historia inicial, una vez sentados los precedentes, se materializan las razones para mi rabia contenida en algunas ocasiones.



El caso concreto es el siguiente: descubrí la existencia en mi clase de dos personajes de similares características: graciosines con cara burlona e impertinente que recorrían el aula haciéndose los simpáticos con una sonrisa de oreja a oreja que parecía más falsa que el físico de Yola Berrocal.

Los miré una y otra vez hasta cogerles manía. ¿A qué podía deberse ese odio que producía tal sustancia efervescente en mi boca? La sonrisa burlona era evidente, pero había algo más en ellos. Tras unos minutos de observación lo vi claro: los dos tenían el pelo rizado. Pero no un poco rizado, no, ¡eso era pelo a lo afro!

He buscado los síntomas de la rabia en el hombre, para comprovar si se trata de una enfermedad física y tangible que desconocia tener. O para saber si debo llevar a mi perro urgentemente al veterinario.

No tengo fiebre, ni dolor de cabeza ni depresión nerviosa. Estoy inquieto y agitado, aunque no llego al punto de sufrir espasmos dolorosos al respirar ni al beber agua. Pero me preocupa sufrir una cierta tendencia a la vociferación, los alaridos y la agresividad. Como los síntomas no me han durado en ningún caso 3 días, he descartado esta opción. Él no tiene ninguno de los síntomas.

He seguido investigando y he descubierto diversas opiniones que hablan sobre el odio como enfermedad en muchos miembros de la sociedad.

Por el momento, me quedo más tranquilo. Eso sí, si se repite mucho me lo iré a mirar.

Para acabar, quiero aclarar que no por tener el pelo rizado soy reticente a entablar conversación con alguien. Creo que es más influyente la sonrisilla.


Enlaces de interés:

- Información sobre la enfermedad de la rabia.
- Artículo sobre el odio como enfermedad en El País.
- En este foro se debate el tema.

martes, 27 de noviembre de 2007

"La prostitución de los conceptos"

Después del ajetreo de ayer, me veo obligado a retrasar la Reflexión Friki del lunes a hoy, martes. Esta vez mostraré un poco de indignación, que hace mucho tiempo que no lo hago.

Últimamente veo poco la televisión. Pero ello no evita que en los pocos ratos que lo haga, desate mi furia fruto de la hiperactividad diaria en determinados anuncios sobretodo.

Dejando de lado los de colonias, los de compresas y los grandilocuencias estúpidas, hay uno que me tiene indignado hasta el punto de la violencia verbal constante. Su lema grita: "todos, todos, queremos por fin tener, un coche ecológico".

Si no sabéis de qué hablo, sólo hace falta que miréis el vídeo que pongo a continuación:



Me parece muy bien que quieran hacer coches ecológicos, y que por fin las campañas de la mayoría de los fabricantes de automóbiles (por lo menos los anuncios que he visto) recalquen que su coche contamina más o menos.

Pero lo de este anuncio me parece patético. Existe una expresión que leí hace unos días en Público que me gustó bastante y resume a la perfección la filosofía del anuncio: "la prostitución de los conceptos". Fue pronunciada, por cierto, por el director del departamento de Arquitectura Bioclimática del Centro Nacional de Energías Renovables, Florencio Manteca.

¿Es realmente un coche ecológico uno que lo único que hace es adaptarse a los límites de emisiones que ha marcado el gobierno para TODOS los vendedores de coches? ¿Es respetuoso con el medio ambiente un vehículo que contamina UN POCO menos?

Sé que las empresas se basan en lo de siempre, en vender. Pero cuando usan cualquier medio disponible con ese fin, yo, sintiéndolo mucho, me pongo violento. Sé que ser sincero y honesto debe ser contraproducente. Realmente, me dan asco.

¿Quieren vendernos un coche ecológico? Pues que fabriquen uno que funcione con electricidad, con hidrógeno, con agua o con heces de vaca. De momento, a mí esa moto no me la cuelan. La pena es que les permiten seguir emitiendo el anuncio.

Como dice El Guasón, si yo fuera presidente del gobierno me acabarían echando o me convertiría en un dictador. Porque, sin ningún remordimiento, prohibiría muchas cosas. Empezando por las bolsas de plástico gratuitas y acabando con los empresarios hipócritas. Menos mal que no soy político... De momento.

Artículo de Público donde leí la expresión que me gustó tanto.